Dos escenarios

Ayer no fui al teatro. A veces las cosas se definen por lo que no son. El camino más rápido para llegar a tiempo a la puerta nos engulló, y lo que a pie son tan solo 10 minutos se convirtieron en 30′ en un taxi. El tiempo se hizo denso como el tráfico y hubo que tomar la decisión de bajarse. Esa decisión a la que no quieres mirar a la cara hasta que es inevitable.

Esto liga con algo que leí ayer mientras no estaba en el teatro: el fragmento de un libro, Muerte y alteridad, que en el fondo hablaba de lo mismo. Al final de la vida hay una puerta a la que a veces no quieres mirar y, sin embargo, hay que abrirla y bajarse.

Explicaba el autor, Byung Chul Han, que ante esa puerta pueden darse dos escenarios…

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Lunar

Rasguños primigenios

hacia el interior del mundo.

Me asomo para descubrirlo

al agujero negro de tu piel,

lunar -como de luna sin serlo-.

Allí, la palabra inconclusa gestándose,

trémula aún.

En un medio incierto,

acuoso,

blanco de certezas.