La vida nítida, diario de viaje (lecturas en voz alta)

A menudo a la persona que escribe le cuesta compartir lo que ha salido, pensando que tal vez no valga la pena, que no es tan importante, que para qué. Parece increíble decir esto con lo felices que nos hacen los libros ajenos, pero eso explica que tuviera en el cajón desde 2012 el diario de un viaje a Mongolia, el lago Baikal (en Siberia) y Pekín.

En medio del confinamiento originado por la pandemia del COVID19, empecé a grabar ese diario de viaje por capítulos. Ese momento, el de leer en voz alta un capítulo del diario, me permitió volver a viajar y sentir esa extraña felicidad que reside justo ahí, en la confluencia de lo nuevo, de lo disfrutado y de lo escrito.

El primer capítulo habla de certezas, de esa sensación que te invade cuando se te presenta una, cuando de pronto ves claro, no hay duda, lo sabes. La vida nítida, así se titula el diario, va un poco de esto, de ir al encuentro de una certeza y volver diciendo: lo sabía. A continuación te dejo lo que pretende ser un billete a tierras y pensamientos lejanos y nítidos.

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Formas de despertar

A veces me despierto de buen humor. No es que sea una almendra amarga cada mañana pero esa sensación de estar tan a gusto, satisfecha, con una especie de paz alegre que no te has tenido que trabajar, no pasa siempre, al menos a mí. Esas mañanas la tentación es atrapar para siempre ese estado del ser, pero eso te convierte en algo así como un gato persiguiendo el reflejo de una luz en movimiento. Lo sabes, sabes que a lo largo del día no todo te parecerá tan en su sitio como ahora pero entonces tal vez puedas recordar que sí lo está. 

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El pueblo

Cualquiera diría que vivimos en un pueblo. El sonido ambiente habla de pájaros y de la campana de una torre. Si te asomas a la ventana ves golondrinas, muchas golondrinas que no paran de atravesar el trozo de cielo que vemos de una esquina a la otra, porque no estamos en un pueblo y el trozo de cielo que vemos es anguloso, acaba en la punta de un edificio y empieza en la de otro.

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El tamaño relativo del café

¿Qué probabilidades hay de que la tostadora escupa tu pan hasta el suelo a la vez que el microondas anuncia que ha acabado de calentar la leche? Así, a ojo de mente de letras, diría que las mismas de que cuando pidas un café pequeño en una cafetería en la que tengan varios tamaños de café -es decir, en una cafetería de una cadena de cafeterías-, el concepto de pequeño coincida con tu concepto de pequeño.

Eso sí, dentro de la no coincidencia hay dos modelos de los que pueden inferirse dos filosofías diferentes…

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¿Estás ahí?

¿Cuán inaccesible es el alma de un extraño? ¿En qué momento pasó a dejar de serlo por un conexión momentánea en el espacio y en el tiempo? ¿Por cuánto tiempo puede mantenerse viva esa conexión? ¿Hasta qué punto es posible conocernos, hacer de la intimidad algo infinito? ¿Hasta qué punto esa cara con la que acabas de cruzarte contiene una profundidad en la que nunca nadie tocará fondo?

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Dos escenarios

Ayer no fui al teatro. A veces las cosas se definen por lo que no son. El camino más rápido para llegar a tiempo a la puerta nos engulló, y lo que a pie son tan solo 10 minutos se convirtieron en 30′ en un taxi. El tiempo se hizo denso como el tráfico y hubo que tomar la decisión de bajarse. Esa decisión a la que no quieres mirar a la cara hasta que es inevitable.

Esto liga con algo que leí ayer mientras no estaba en el teatro: el fragmento de un libro, Muerte y alteridad, que en el fondo hablaba de lo mismo. Al final de la vida hay una puerta a la que a veces no quieres mirar y, sin embargo, hay que abrirla y bajarse.

Explicaba el autor, Byung Chul Han, que ante esa puerta pueden darse dos escenarios…

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