La edad de los otros

Hay un fragmento de vida, el principio, en el que la edad de los otros parece inmutable. En la infancia, las señoras ancianas de la aldea nunca tuvieron otra forma, otro semblante. Cuando era niña no me imaginaba que esas mejillas escuálidas algún día fueron rebosantes, coloradas. Ellas eran así, de siempre, por siempre.

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