¿Quién ha hecho el mundo?

A los tres años puede ser que te dé por preguntar recurrentemente sobre dos cosas: el envejecimiento de la casa y quién es el creador de cada edificación que visitas.

La secuencia suele ser: ¿cuándo se hará vieja esta casa? Cuando se haga vieja nos iremos, pero me llevaré todas las cosas y empiezas a enumerar de una forma que pudiera parecer aleatoria, pero seguro que no lo es. Por ejemplo, mencionas el cristal de la ventana en el que tu hermano pintó unas letras. “Ese cristal y las letras nos los tendremos que llevar porque son muy bonitos”. 

Lo dices con una nostalgia anticipada, con un sentimiento de pérdida que te dolería demasiado si se produjera. Y todo ello es un ir asimilando el principio, el envejecimiento y el dejar ir que la vida lleva implícito. Como si alrededor de los 3-4 años empezáramos a ver con mayor nitidez el flujo de los acontecimientos, a la vez que vamos aprendiendo la diferencia entre ayer y mañana, tal vez de forma errónea. 

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